PERLA

 

contiene calcio y contenido proteínico y mineral muy evolucionado.

Representa la llegada de Jesús y el ministerio de María, disminuyendo el sufrimiento y agonía de la humanidad, no redimida mediante la aplicación de la ley Kármica.

 

Como con el Diamante, la Perla requiere un compromiso con quien la lleva.

Ayuda al alivio de las negatividades pero hay que limpiarla enseguida para que se pueda volver a utilizar.

 

No es buena para los signos de aire, pues puede causar excitación del sistema nervioso central e irritación emocional.

Tampoco es buena para los signos de fuego.

 

No se debe mezclar la Perla con el Diamante, pues alimentan las deficiencias de la persona que las lleve.

 

Sin embargo, todo aquél que se sienta atraído por esta combinación, estará siendo conducido por la guía de su alma para que acelere la acción de la ley Kármica y purifique sus cristalizaciones negativas.

 

La Esmeralda no se debe combinar con la Perla porque la Esmeralda mantiene y amplifica cualquier negatividad que tenga la Perla.

En esta combinación la Esmeralda alimenta la negatividad existente ya en la Perla.

 

Símbolo de la iniciación, el sacrificio y el amor todopoderoso.

Cuando pierden su resplandor, se aconseja volver a ponerlas en agua de mar.